lunes, 6 de junio de 2016

Mohamed Ali, KO a los 42 años por el Parkinson



La relación entre los 61 combates profesionales que disputó Mohamed Ali y su enfermedad de Parkinson, diagnosticada cuando el campeón contaba con 42 años, no se pone hoy en duda a ojos de los especialistas médicos.

"No podemos afirmar nada de forma concluyente, pero hay indicios fuertes", estima para la AFP el doctor André Monroche, médico de la confederación de deportes de contacto y de artes marciales. "Sabemos que los golpes repetidos alteran las células nerviosas, sobre todo si se dan sobre un cerebro que no se ha sometido a un descanso".

Más rotundo se muestra el doctor Jean-François Chermann. En un libro publicado en 2010, "KO, el expediente que trastorna", este neurólogo del hospital parisino Leopold Bellan contaba que Mohamed Ali, "al término de sus entrenamientos se quitaba las protecciones y pedía a su esparring que le golpease en la cabeza para demostrar que era el más fuerte. Hay un vínculo entre su enfermedad y ese tipo de prácticas", juzgó entonces.

En 1984, cuando los médicos diagnosticaron la enfermedad de Parkinson al legendario campeón de los pesos pesados poco después de su retirada, el boxeo fue inevitablemente estigmatizado, llegando a achacársele la llamada "demencia pugilística".

Treinta años más tarde, la epidemiología de los deportes de contacto permite ampliar el cuadro de enfermedades derivadas de ese deporte. Cerca del 30% de los boxeadores desarrollan tras su retirada problemas neurológicos, afirma el doctor Chermann.

"Cuantos más KO, más elevado es el riesgo. Los amateurs tampoco se libran. Ellos disputan más combates, son menos examinados y trabajan menos su defensa que los profesionales", explica.

- Síndrome del segundo impacto

Pero el KO no es el más espectacular de los traumatismos. Es sólo la parte que sobresale del iceberg de las conmociones cerebrales, igualmente frecuentes en el rugby, pero también en el fútbol, el hockey sobre hielo, el esquí, el balonmano, el judo, la equitación, la gimnasia, etc.

"Es mucho menos espectacular que el boxeo, donde se ven los traumatismos en directo", señala el doctor Monroche, "pero no es anodino. La repetición de traumatismo y de golpes le puede pasar también a un futbolista que juegue mucho de cabeza. En boxeo hay un árbitro, en otras disciplinas nadie puede intervenir".

La multiplicación de golpes altera en efecto la capa exterior de las células nerviosas, donde está la proteína tau, e impide así a la célula funcionar normalmente. Esta tautopatía es además uno de los principales marcadores de la enfermedad del parkinson.

En Francia, el rugby se tomó en serio esta problemática a mediados de los años 2000, y estableció en 2013 un seguimiento neurológico de los jugadores profesionales. En Estados Unidos, el fútbol americano y el hockey sobre hielo también reciben un seguimiento profundo.

Desde el final de la carrera de Mohamed Ali, las investigaciones se han centrado en los grupos más expuestos (mujeres, jóvenes), demostrando la absoluta necesidad de reposo durante cinco días tras un traumatismo encefálico para evitar el 'síndrome del segundo impacto', responsable de varias decenas de muertes de deportistas cada año.

Los avances científicos y el mayor seguimiento no aseguran la protección total de los boxeadores, pero sí al menos su concienciación. (04-06-2016)


Ali fue aún más genial con su dialéctica que con su boxeo



La trayectoria profesional del legendario Muhammad Ali, que la pasada noche falleció a la edad de los 74 años, estuvo marcada siempre por sus genialidades antes, durante y después de cada una de las 61 peleas que realizó.

Antes de que subiese al cuadrilátero ya había generado una expectación inusitada con su dialéctica, irreverente, mezcla de premonición, confianza, sentirse superior y sobre todo ganador.

Tampoco callaba durante la pelea, y mucho menos cuando las concluía con triunfo en 56, incluidas 37 por la vía del nocáut, y cinco derrotas.

Esa personalidad, única y extrovertida, hizo que en 21 años que estuvo como profesional, incluidos tres y medio de suspensión sin poder boxear por negarse a ir a la guerra de Vietnam, le diese tiempo a expresar frases que ya forman parte de la historia del boxeo y del deporte estadounidense y mundial.

La más definitoria del tipo de boxeador que era cuando dijo la de "vuela como mariposa, y pica como abeja. ¡Ruge, joven, ruge!", antes de su primera pelea ante Sonny Liston en 1964.

Al negarse el 17 de febrero de 1966 a cumplir con la llamada a filas para ir a la guerra de Vietnam se limitó a decir: "No tengo ningún problema con el Vietcong".

También al ser cuestionado sobre el mismo asunto por el periodista Robert Lipsyte, del New York Times, en una entrevista, Ali le dijo: "¿Hablas en serio? Tengo que quedarme aquí y conducir a mi gente al hombre correcto, Elijah Muhammad".

Espere…

La justificación que dio cuando el 30 de junio de 1967 decidió cambiarse de nombre y explicó que "Cassius Clay era el nombre del negrero".

La manera cómo reaccionó cuando le preguntaron el 9 de marzo de 1971, un día después de perder ante el legendario Joe Frazie, y uno de sus asistentes quiso echar a los periodistas de la habitación del hotel donde se encontraban.

"No, dejen que se queden. Hablo cuando gano, tengo que hablar cuando pierdo", le dijo Ali y su asistente.

La sentencia a su favor del Tribunal Supremo de Justicia de Estados Unidos, el 28 de junio de 1971, tras evadir el alistamiento para ir a la Guerra de Vietnam, le generó la expresión de "Ya celebré. Recé a Alá".

También sobre el mismo asunto y los intentos del gobierno de enviarle a presión. "Ellos hicieron lo que les pareció correcto, y yo hice lo que me pareció correcto".

Su triunfo sorpresa ante George Foreman, en Kinshasa, el 1 de octubre de 1974, que recuperó el título mundial del peso pesado. "Le dije a todos mis críticos que soy el mejor de la historia. Nunca esperen que pierda hasta que tenga unos 50 años".

En cuanto a su compromiso social como negro que se sintió discriminado, Ali dijo: "No puedo hablar el inglés perfecto de los blancos, pero tengo sabiduría".

También dijo: "Soy América. La parte que no van a reconocer.

Pero acostumbraos a mí. Negro, confiado, chulo, a mi nombre, no el suyo; mi religión, no la suya; mis metas, la mía propia; acostumbrarse a mí".

Su compromiso con la religión del Islam, al que se convirtió le hizo decir: "Alá es el más grande. Yo sólo soy el boxeador más grande".

También le hizo famosa la frase de "el servicio que haces por los demás es el alquiler que pagas por tu habitación aquí en la Tierra", recordaba siempre Ali cuando le preguntaban por la ayuda que siempre dio a los más necesitados. (04-06-2016)


Ali: el rey del mundo

El boxeador era una especie de magia, una esquizofrenia consciente, una energía tan ambigua como potente y arrolladoramente seductora. Acaba de morir el más grande y Puño y Letra se suma a los homenajes de esta figura esencial de la cultura popular del Siglo XX.

El boxeo no me interesó antes de Muhammad Ali ni me interesó después pero fue —es— el ídolo de mi vida. Recuerdo la primera vez que me enteré de su existencia como si fuera ayer. Fue en 1964, cuando yo tenía siete años, al leer un artículo de un diario argentino, el Buenos Aires Herald, publicado a dos columnas al lado derecho de la última página. Lo veo ahora. Veo la foto, con él mirando a la cámara, sudoroso y extasiado; veo el titular, anunciando que era el nuevo campeón mundial de los pesos pesados tras derrotar al aparentemente invencible Sonny Liston; y veo el texto, citando sus primeras palabras en el ring después de que Liston se negase a salir a pelear al comienzo del séptimo round tras la paliza que le había dado Ali en el sexto. “I shook up the world!”. Sacudí al mundo. “I am the prettiest!”. Soy el más guapo. “I am the greatest!”. Soy el más grande.

Se lo creí entonces y lo sigo creyendo hoy.

Desde aquel día vi todas sus peleas, deseando que ganase como jamás he deseado que nadie nunca ganara nada, pero no fue hasta que cumplí 13 años cuando descifré lo que me había pasado con este hombre de un país que no era el mío, de una raza con la que no había tenido ningún contacto personal. Mi padre había intentado convencerme que la gente más admirable era la más inteligente y erudita. Él era muy fan de Harold Wilson, el entonces primer ministro británico y gran cerebro que había sacado brillantes notas en la Universidad de Oxford.

Tuve mi momento de revelación y de rebeldía a aquellos 13 años cuando vi una larga entrevista con Ali en la BBC y entendí que Wilson era un enano junto a él. Era de noche y me quedé hipnotizado de principio a fin. Tenía un tremendo sentido del humor y tanto yo como el público que juntó la BBC para presenciar la entrevista en directo nos partíamos de la risa. Rápido e ingenioso en sus respuestas, de repente soltaba un poema que él había compuesto proclamando su propia gloria. Pero con sus ojos, con su sonrisa, con sus muecas nos hacía cómplices de su fanfarronería. Como que nos estaba diciendo: no me tomen en serio, pero tómenme en serio. Estoy interpretando el papel de Muhammad Ali, pero este es el auténtico Muhammad Ali. Me río de mí mismo pero cuando digo que soy “the greatest” también me lo creo, y más vale que os lo creáis vosotros. Era una especie de magia, una esquizofrenia consciente, una energía tan ambigua como potente, y arolladoramente seductora.

Ali era la definición del carisma; era el carisma hecho carne —equiparable a una figura de leyenda como el Aquiles de Homero, o histórica como Napoleón, o Bolívar, o Garibaldi—. Su único rival contemporáneo, para mí, ha sido Nelson Mandela, pero lo conocí cuando yo era ya adulto y mi visión de él pasó por un filtro cerebral. Ali me llegó a las vísceras, directo como un golpe al estómago.

¿Qué es el carisma? El carisma es una luz que se transmite a partir de una colosal confianza en uno mismo, de saber, sin la más remota duda y mucho, mucho más allá de mezquindades como la altanería o su hermana gemela, la inseguridad, que uno es grande y especial. Ali creó un grandioso personaje y, con enorme generosidad, se lo regaló al mundo.

Soy un fanático del deporte y he presenciado grandísimos partidos y extraordinarias hazañas pero nada, nada que compare con la pelea entre Ali y George Foreman el 30 de octubre de 1974 en Kinshasa, Zaire. Yo tenía 18 años. En Londres, donde vivía, solo se podía ver la pelea en vivo yendo a las dos de la mañana a un cine en Brixton, un barrio que en aquel entonces era una especie de gueto poblado mayoritariamente por negros y que, quizá injustamente, tenía fama de ser peligroso. La entrada me costó todo el dinero que tenía ahorrado tras trabajar durante las vacaciones de verano en una fábrica. Nunca hice una mejor inversión.

Foreman, un monstruo, entró al ring primero. Daba miedo verle. Había aniquilado en un round a rivales que Ali había sufrido en 15 para derrotar. Sus bíceps eran más anchos que los muslos de Ali. Empezó la pelea y durante los cuatro primeros rounds Ali se atrincheró contra las cuerdas, cubriéndose la cabeza con los guantes, recibiendo un golpe brutal tras otro en el abdomen sin devolver ninguno. Todos en el cine, parecía que todos negros menos yo, estábamos desolados. Esto era una masacre. El quinto round empezó igual pero de repente, cuando todo parecía perdido, emergió el fénix de las cenizas. Ali empezó a boxear como solo él sabía, bailando. Flotando como una mariposa, picando como una abeja. Un golpe con la izquierda le retorció la cabeza a Foreman y una gota gruesa de sudor saltó de su rostro, salpicando el suelo. En el cine nos pusimos todos de pie. Cuando cayó Foreman a la lona en el octavo y el árbitro contó a diez, con Foreman incapaz de levantarse, el rugido en Brixton se habría oído en el Congo. No conocía a nadie a mi alrededor pero nos abrazamos todos como hermanos.

He visto jugar a Pelé y a Maradona, a Tiger Woods, a Federer y a Nadal, a Cristiano Ronaldo y a Leo Messi. Ellos pertenecen al deporte. Ali pertenece a todos. “¡Soy el rey del mundo!”, clamaba, y era verdad. No solo nadie redefinió el deporte como Ali sino que nadie lo trascendió como él. Fue un gigante, una fuerza elemental de la naturaleza, un huracán humano. Falleció tras batallar en la penumbra durante tres décadas contra su enemigo más implacable, la enfermedad de Parkinson. Pero para mí, y para muchísimos más de todas las razas y todas las creencias en todos los rincones de la tierra que tuvimos la fortuna de vivir en sus años de gloria, es inmortal.
ALÍ CONTRA FOREMAN, THE RUMBLE IN THE JUNGLE
En una de las múltiples entrevistas que Ali brindó a la prensa durante las semanas de entrenamiento, literalmente gritó que “él es un toro; yo soy el torero”. La definición no podría haber sido más premonitoria e ilustrativa. Difícil es saber cuánto había de provocación y cuánto de plena conciencia en la definición del boxeador. Lo concreto es que la imagen final cuadra perfectamente con la del torero: un agotado Foreman avanza ciego sobre Ali quien, dando pequeños pasos hacia atrás, esquiva dos golpes y asesta los propios, avanzando sobre su rival y derribándolo para siempre. La epopeya estaba cumplida, lo imposible había tenido lugar.

Norman Mailer tomaba la opción de inmortalizar en su relato una idea: jamás había sentido al boxeo tan cerca del ajedrez.

El documental When we were kings (Cuando fuimos reyes) narra la épica batalla de Kinshasa y su contexto histórico. La pelea completa también se encuentra en Youtube.


ALI EN SUS PROPIAS PALABRAS
1. "Classius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí. No lo quería. Yo soy Mohammad Ali, un hombre libre".
2. "Odié cada minuto de entrenamiento, pero no paraba de repetirme: 'No renuncies, sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón".
3. "Imposible es solo una palabra que utilizan los débiles que encuentran más fácil vivir en el mundo que les han dado que explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible no es un hecho. Es una opinión. Imposible no es una declaración. Es un desafío. Imposible es potencial. Imposible es temporal. Nada es imposible".
4. "Soy el más grande. Me lo dije incluso a mí mismo cuando no sabía que lo era".
5. "No voy a recorrer 10.000 kilómetros para ayudar a asesinar a un país pobre simplemente para continuar la dominación de los blancos contra los esclavos negros".
6. "Un hombre que ve el mundo a los 50 igual que a los 20 ha perdido 30 años de vida".
7. "Yo fui el Elvis del boxeo, el Tarzán del boxeo, el Superman del boxeo, el Drácula del boxeo. El gran mito del boxeo".

Ali, el eterno guerrero que nunca se rindió



El mundo echará de menos a Mohamed Alí, la voz más grande dentro y fuera del cuadrilátero, defensor de los derechos civiles y de la no violencia, el hombre que cambió el boxeo con leyes más justas, y que falleció la noche del viernes en un hospital de Phoenix (Arizona) a los 74 años.

Su muerte trascendió lo cotidiano, como sucede cuando fallece una leyenda. Desde presidentes, políticos, empresarios, activistas sociales y hasta el más humilde boxeador, todos rinden homenaje a 'The Greatest' (El más grande), como él mismo se proclamó en su autosuficiencia juvenil, y que la historia confirmó por sus acciones.

Poco a poco, las calles que abrazan el Scottsdale Healthcare Osborn Medical Center comenzaron a transformarse con la noticia de la muerte del triple campeón mundial de los pesos pesados. Como si fuera una noche donde sonaría la campana para iniciar un combate, los fans del Alí se acercaron para aplaudirlo y saludarlo.

Uno de ellos fue Ismael Carrasquilla, un estadounidense hijo de inmigrantes mexicanos, se acercó al hospital vestido con una camiseta estampada con el rostro de su ídolo de todos los tiempos.

"Se fue el más grande del boxeo de todos los tiempos. Su pelea la perdió, pero ahora ya celebran en el cielo la llegada de un verdadero campeón", dijo a la AFP Carrasquilla, de 43 años.

- No a Vietnam

El mismo Alí que deslumbró al mundo con su boxeo no convencional para la época, sus bravuconerías y salidas de tono para aumentar la venta de entrada a sus peleas, fue el hombre que se negó a ir a la guerra de Vietnam, "para no matar semejantes", dijo, y se convirtió en un pacifista y luchador por los derechos civiles.

Hizo temblar el establishment con su forma de ser, a veces demasiado descarnada, y llevó el boxeo a otra dimensión, lo que marcó el comienzo de la era de peleas millonarias por televisión. Pero no le bastó con eso.

Cuando los promotores inescrupulosos comenzaron a llevarse la mejor tajada del negocio, dejando a los boxeadores a veces en saldo negativo, Alí peleó en los tribunales y el Congreso estadounidense para sacar adelante en 1999 la "Ley de Reforma del Boxeo Mohamed Alí", que protege los derechos y el bienestar de los boxeadores.

- Ali transformó a Estados Unidos

"Mohamed Ali transformó este país e impactó al mundo con su espíritu. Su legado será parte de nuestra historia por todo el tiempo", agregó Bob Arum, quien se inició en el negocio de la promoción precisamente con una pelea de Alí.

Sus acciones dentro y fuera del cuadrilátero dieron paso a las bolsas supermillonarias que hoy disfrutan muchos con menos talento y carácter.

Floyd Mayweather, el púgil que más dinero ha ganado en la historia del boxeo, aseguró que sus grandes bolsas fueron posibles sólo porque "Alí nos abrió el camino".

Nacido como Cassius Marcellus Clay el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, cambió su nombre a Mohamed Alí en 1964, al calor del movimiento de los derechos civiles.

Su vida fue una novela. La novela de un niño pobre y tímido que se metió en el boxeo a los 12 años, cuando un malhechor le robó su bicicleta. Llorando fue a hacer la denuncia y Joe Martin, el policía que le atendió, le convenció que debía aprender a defenderse, y se convirtió en su primer entrenador en el gimnasio Columbia de Louisville.

Alí pasó sus últimos años devastado por la enfermedad de Parkinson, pero nunca se retiró de la vida pública, ni tiró la toalla blanca al centro del ring en señal de rendición. En lugar de ello, inició una cruzada contra la enfermedad, una más en la lista de las batallas de su vida extraordinaria. (04-06-2016)


Muhammad Ali se convirtió en una luminosa referencia dentro de la cultura pop de los años sesenta.

Fue el boxeador que necesitaban los años sesenta. Por aquel entonces, empezaba a ser un deporte bajo sospecha: dominaban los relatos sobre el daño del cuero golpeando la carne, las epopeyas sobre la huida de la miseria, las denuncias de la dudosa trastienda del negocio. Con aquel chico de Kentucky, el boxeo se convertía en orgullosa afirmación de la voluntad de emancipación, puro black power sin grandes argumentos de por medio.

Se iba a convertir en el gran púgil de la Década Prodigiosa: irreverente, bocazas, seguro de sí mismo. Inevitablemente, le juntaron con los Beatles allá por 1964, cuando estos terminaban su primera gira por Estados Unidos. Aunque las fotos resultantes muestran a todos los implicados haciendo el payaso, el encuentro no estuvo exento de tensión. En contra de lo que estaban habituados, los británicos debieron esperar, encerrados en una habitación, mientras el campeón se preparaba para la prensa. Y Clay, que diariamente recibía oleadas de visitantes, no estaba seguro de quiénes eran aquellos “mariquitas”, seguramente dicho sin intención ofensiva.

Clay ya era legendario por su elocuencia: convirtió sus rimas en cantinelas, a modo de eficaz eslogan publicitario. En los tiempos actuales, sin duda hubiera terminado rapeando en el sello de Jay-Z; en aquellos días, le transformaron en artista discográfico por la vía rápida. Combinando recitados y canciones, Columbia Records publicó en 1963 el álbum “I’m the greatest” (soy el más grande, en inglés); su versión del inmortal “Stand by” sonaría en muchas emisoras.

No volvería al estudio de grabación hasta 1976, cuando protagonizó un disco infantil destinado a luchar contra la caries dental, en compañía de los cantantes Frank Sinatra y Richie Havens, el actor Ossie Davis, el locutor deportivo Howard Cossell. Corramos un velo sobre aquel artefacto, típico de la Guerra Fría, donde los villanos del cuento tenían acento ruso o cubano.

Muhammad Ali ascendió a héroe contracultural en 1966, al negarse a cumplir el servicio militar. Formó parte de la valiente minoría que declaró abiertamente su oposición a la guerra de Vietnam; cuando los disidentes en edad de reclutamiento se excusaban mediante prórrogas de estudios o alegando difusas enfermedades.

Dado que un número desproporcionado de los soldados estadounidenses en Vietnam era lo que hoy llamaríamos afroamericanos, su postura fue perfectamente entendida en los guetos. El apoyo a Muhammad Ali se mantuvo durante los años inciertos en que le impedían combatir y podía terminar en una penitenciaria. No solo era respetado en los ghetos. Allí están las fotos junto a las estrellas de Motown, el sello que representaba las aspiraciones de la clase media negra, al lado de los ídolos juveniles Jackson 5 o del genial Marvin Gaye.

En los setenta, ya exonerado, se fundió en abrazos con artistas cercanos a Richard Nixon y el Partido Republicano: de Elvis Presley a James Brown, que incluso había girado por las bases de Vietnam. Nunca le faltó el respaldo de las clases ilustradas, manifestado en los libros de Norman Mailer y Bud Schulberg, los extensos reportajes de Joyce Carol Oates y George Plimpton.

Como si se tratara de un campo de minas, esos autores pisaban con enorme cuidado alrededor de la militancia de Ali en la Nación del Islam, misteriosa secta a la que se atribuía el asesinato de otro adalid de la negritud, Malcolm X. “Ali no es un fanático”, aseguraban sus cuidadores.

Bob Dylan no necesitaba esas garantías. Le gustaba ponerse guantes y había dedicado canciones a boxeadores, incluyendo su famosa Hurricane, que indirectamente permitiría la liberación de su protagonista, Rubin Carter, condenado por asesinato. En la foto de su encuentro con Ali, Dylan parece intimidado: una cosa es hablar de la dulce ciencia del pugilismo y otra es sentir el peso de esa mano letal.

LA DESPEDIDA Muhammad Ali tendrá la despedida que siempre quiso. Hace años que el campeón mundial de boxeo e ícono del Estados Unidos de la última mitad del Siglo XX planificó su funeral, que tendrá lugar el viernes en Louisville (Kentucky), justo una semana después de su muerte a los 74 años por causas naturales en Phoenix, Arizona.

Este viernes, una procesión fúnebre atravesará la avenida en Louisville que lleva su nombre, su barrio natal y las calles en las que, hace más de medio siglo, celebró una de sus primeras victorias, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1960, cuando Ali todavía se llamaba Cassius Clay. El portavoz de los familiares del boxeador, Bob Gunnell dijo que mediante la procesión, “todo el que quiera podrá decirle adiós”.

El expresidente Bill Clinton, el actor Billy Crystal y el periodista Bryant Gumbell serán los encargados de hablar durante su sepelio. Preguntado años atrás sobre cómo le gustaría que le recordaran en su funeral, Ali respondió: “Me gustaría que dijeran: mezcló varias tazas de amor, una cucharada de paciencia, otra de generosidad, medio litro de amabilidad, un cuarto de risas, una pizca de preocupación, y luego lo revolvió todo con voluntad y felicidad. Le añadió mucha fe y volvió a mezclarlo todo bien. Después, expandió la mezcla durante toda su vida”.


Louisville ya espera a Mohamed Ali para su último viaje



La familia de Mohamed Ali se preparaba este domingo para acompañar el cuerpo sin vida del boxeador en su último viaje a casa, a Louisville, donde una gran multitud despedirá a "El más grande".

El expresidente de Estados Unidos Bill Clinton, el actor Billy Crystal y el periodista deportivo Bryant Gumbel darán el discurso fúnebre por Ali el viernes próximo en la ciudad más importante de la ciudad de Kentucky, donde el tres veces campeón del mundo de los pesos pesados repartió sus primeros golpes.

El carismático Ali, una de las personalidades más relevantes del siglo XX por su actuación dentro y fuera de los cuadriláteros, falleció el viernes a los 74 años aquejado de problemas de salud derivados de una batalla contra la enfermedad de Parkinson que duró más de tres décadas.

Este domingo, varios miembros de su familia acompañarán su cuerpo desde Arizona, donde murió, hasta su estado natal en el sur de Estados Unidos.

"Nuestros corazones están heridos pero estamos contentos de que papá es ahora libre", escribió una de sus nueve hijos, Hana, en Twitter.

El alcalde de Louisville, Greg Fischer, dijo a la AFP este domingo que la ciudad -vestida con flores, globos y varios tributos a su personalidad más conocida- estaba lista para esta celebración masiva.

"El Campeón era una figura sobrenatural que trascendía fronteras, deportes y artes, pasando por el lado humanitario, los blancos y los negros, los cristianos y los musulmanes. Pertenece al mundo entero", apuntó Fischer.

"Va a venir gente de todos lados", añadió.

El alcalde reconoció que los preparativos para el adiós de Ali llevan "algún tiempo" listos, y que se espera una gran multitud.

Después de un sepelio íntimo para la familia el jueves, el ataúd de Ali será transportado el viernes por las calles de Louisville antes de un entierro privado y de un memorial público en el KFC Yum! Center.

La procesión se está organizando para "permitir a cualquiera de cualquier lugar del mundo que pueda decir adiós", explicó el portavoz de la familia, Bob Gunnell, a reporteros.

- "Ve en paz"

La causa oficial de la muerte de Ali fue un shock séptico debido a causas naturales sin especificar.

Gunnell aseguró que Ali recibía atención médica por un resfriado pero su condición se deterioró rápidamente. Fue admitido en un hospital de la ciudad de Scottsdale, cercana a Phoenix, donde vivió durante muchos años con su esposa Lonnie.

La familia de Ali decidió retirarle definitivamente los aparatos que le mantenían con vida el viernes, dijo Gunnell.

"Todos intentamos mantenernos fuertes y le susurramos al oído: 'Puedes ir en paz ahora. Estaremos bien'", contó Hana Ali.

Presidentes, políticos, empresarios, activistas sociales y hasta el más humilde boxeador rindieron homenaje a "The Greatest" (El más grande), como él mismo se proclamó en su autosuficiencia juvenil, y que la historia confirmó por sus acciones.

"Mohamed Ali fue 'el más grande'. Punto final", expresó el presidente estadounidense Barack Obama.

"Su lucha fuera del ring le costó el título y su estatus público. Aquello le hizo ganarse enemigos por doquier, ser agraviado, y casi ser enviado a la cárcel. Pero Ali se mantuvo firme. Y su victoria nos ayudó a acostumbrarnos a la nación que reconocemos hoy", indicó.

Bill Clinton, junto a su mujer Hillary, que pelea por la nominación democrática a la presidencia, apuntó que "desde el día que ganó el oro olímpico en 1960, los fanáticos del boxeo sabían que estaban viendo una mezcla de belleza y gracia, velocidad y fuerza que tal vez no ocurriría de nuevo".

Los homenajes a Ali, que se convirtió al Islam en 1960, llegaron de todas las partes del mundo, incluso de Irán, donde el ministro de Asuntos Exteriores Mohammad Javad Zarif lo llamó #ElMásGrande en el ring y en la lucha por la justicia, la dignidad y la paz.

- "El más grande de todos los tiempos"

La carrera de Ali duró más de dos décadas, desde 1960 a 1981, y se retiró con una marca de 56-5, incluyendo el combate histórico llamado "Rumble in the Jungle" contra George Foreman en Kinshasa, Zaire, en 1974.

"Me golpeó con un uno-dos, me noqueó y mi vida cambió por completo", relató Foreman a la CNN sobre ese combate.

"Estaba devastado pero sabía que haría el mejor amigo que tuve nunca en mi vida".

Los otros momentos que marcaron la carrera de Ali incluyen dos KO's a Sonny Liston y su rivalidad con Joe Frazier.

"Ali era un hombre del pueblo. Un luchador por el pueblo. Adoro a Mohamed Ali, fue un amigo de toda la vida. Nunca morirá. Su espíritu seguirá por siempre", dijo Don King, el promotor en sus más grandes peleas.

- Objetor de conciencia

Nacido como Cassius Marcellus Clay el 17 de enero de 1942 en Louisville, cambió su nombre a Mohamed Ali en 1964, al calor del movimiento de los derechos civiles.

Su vida fue una novela. La novela de un niño pobre y tímido que se metió en el boxeo a los 12 años, cuando un malhechor le robó su bicicleta. Llorando fue a hacer la denuncia y Joe Martin, el policía que le atendió, le convenció que debía aprender a defenderse, y se convirtió en su primer entrenador en el gimnasio Columbia de Louisville.

El mismo Ali que deslumbró al mundo con su boxeo no convencional para la época, sus bravuconerías y salidas de tono para aumentar la venta de entrada a sus peleas, fue el hombre que se negó a ir a la guerra de Vietnam, "para no matar semejantes", dijo, y se convirtió en un pacifista y luchador por los derechos civiles.

Ali será enterrado en el Cave Hill Cemetery en Louisville, la ciudad que le vio nacer. (05-06-2016)


Irán despide a Mohammad Alí, ‘héroe’ y ‘pionero en la igualdad’



El Gobierno de Irán expresó este domingo sus condolencias por la muerte del exboxeador Mohammad Alí, al que despidió como un "héroe" y un "pionero en la igualdad racial que se levantó en favor de los negros".

El portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Huseín Jaberi, indicó que la figura de Alí, un hombre "legendario" será "un recordatorio constante de la negación del imperialismo y de las actividades belicosas".

"No solo era un célebre campeón de boxeo, sino también un 'pahlevan', un título que da la cultura iraní y que por tradición se entrega a alguien que considera la moralidad en todos los juegos deportivos", añadió el portavoz.

El excampeón de peso pesado e icono social de Mohammad Alí murió a la edad de 74 años por problemas respiratorios el pasado día 4, informó la familia.

Alí había sido hospitalizado en el área de Phoenix esta semana con problemas respiratorios, aunque se había dicho que su condición era "satisfactoria".

Alí, retirado del boxeo desde 1981, había luchado contra la enfermedad de Parkinson desde hace años.

El legendario púgil también había sido hospitalizado varias veces más en los últimos años, incluyendo a principios de 2015, debido a una infección urinaria severa después que inicialmente se le diagnosticase neumonía.

Alí fue una de las personas más reconocidas en el mundo por sus acciones dentro y fuera del ring. Su postura sobre el servicio militar y la conversión al islám traspaso las líneas raciales y polarizo a todo Norteamérica.

Sin embargo, más tarde se convirtió también en el símbolo que unificó la gente con sus mensajes de libertad, la paz y de igualdad.